
Una voz de alarma intimidó al Londres de principios del XIX: los cementerios de la ciudad, insalubres y superpoblados, eran bombas de relojería que podían estallar en cualquier momento y despertar plagas, enfermedades y epidemias. Para ello, se diseñó un anillo de camposantos de nuevo cuño que rodearían la metrópolis y dotarían a ésta de una infraestructura mortuoria amplia, higiénica y moderna. Una de las necrópolis de esta camada fue Highgate, la 'puerta del Cielo', que ha acabado convirtiéndose, por méritos propios, en la más famosa y bella de la capital inglesa.
¿Qué esconde este cementerio que no tengan otros? Por de pronto, los años de abandono le sentaron fantásticamente bien, que le dotan de una tupida red de maleza que ha multiplicado el encanto arquitectónico del paraje y sus monumentos neoegipcios, neogóticos y victorianos.

Se divide en dos secciones: la oeste, más antigua, y la este que conectan por el camino de Swain’s Lane. La zona este puede visitarse libremente. Para conocer la zona oeste se organizan visitas guiadas. Esta última es más misteriosa. Una verja de hierro la mantiene cerrada salvo cuando se concierta alguna visita. Dentro de la sección oeste, destaca la avenida egipcia, flanqueada por dos obeliscos, muestra del interés que en la época victoriana se tenía por los descubrimientos egipcios. También tiene catacumbas, totalmente abandonadas, con capacidad para 840 ataúdes.
Es morada de muchos huéspedes ilustres, pero quien mueve las masas hasta este lugar es el mismo que se encargo de moverlas en vida, Karl Marx.
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